Ayer se vivió en el Calderón un partido con muy poca intensidad, ya uqe los dos eran sabedores de que no se jugaban nada y que el partido era simplemente un mero trámite. Pero al principio del partido se vió un partido en el que parecía que se jugaba una plaza Champions, porque empezaron los dos muy fuertes y con ganas de marcar. Así llegaron varias oportunidades, hasta que en una falta lanzada por Petrov, que dió en el larguero y en el rechaze fue cabezeada por Kezman. A partir de ahí el partido entro en un momento en el que se parecía al que debía ser desde el principio, un partido feo, soso y con pocas oportunidades. Hasta que Serra metió a Tardelli. A partir de ahí el Betis parecía que había metio una marcha mas, Tardelli aparecía poco pero le daba velocidad y calidad al partido. Despues Serra metió a Arzu, el autor del gol al minuto de que saliera al campo. Gol que vino de jugada personald e Tardelli por la izquierda y despues de un recorte le pasa el balón a Arzu que en bonita jugada se queda sólo con el portero y se la mete con calidad por las escuadra. Así el Betis cierra la temporada más histórica y a la vez más sufrida de su casi centenaria historia. Ahora sólo cabe pensar en la temporada que viene y el los preparativos del centenario que esperamos que sean en mi opinión, pocos, pero con mucha calidad y bien organizados. Además, todos esperamos que Lopera salga en rueda de prensa y diga cuales son sus intensiones, si va a renovar a Serra, si va a terminar el estadio. En fin muchas cosas que a los béticos nos trae de cabeza y que esperamos que puedan tener solución antes del verano. Por último, recordar que el Betis estará muy posiblemente representado en el mundial de Alemania por Joaquín y por Juanito. Así que todos los béticos tendremos un motivo más por ver el Mundial en el que a lo mejor también se suma Oliveira si debuta hoy y Parreira lo mete en la lista de convocados, pero esto ya parece más difícil, aunque no imposible. Ahora os dejo con la columna que publicó ayer ABC de Antonio Burgos, gran escritor sevillano y además bético, pero no creáis que por eso lo pongo, porque en el artículo arremete con todos, tanto béticos como sevillistas. Que lo disfrutéis.
Saludos Mucho Betis
Arrebato con papeles cambiados
Me hubiera gustado tomar distancias, dejar este asunto para el lunes, cuando los ánimos sevillistas estén calmados y los béticos... Dios mío de mi alma, ¿dónde la caballerosidad bética en las horas del justo y gozoso arrebato en rojo? El trabajito que le ha costado a Lopera felicitar a Del Nido... (Será por aquello de las buenas horas de las mangas verdes...) El Sevilla no sólo ha ganado la Copa de la UEFA (de Europa según el sí o sí), sino que ha destruido buena parte de los tópicos acerca de la sociología de las dos aficiones futbolísticas. Una de dos: o ha habido un intercambio de identidades, como banderines en un Trofeo Carranza, o la fuerza de la forma de ser de la ciudad es tal que la impone tanto a sevillistas como a béticos. Más en corto y por derecho: el Sevilla ha celebrado su Copa a la bética, sin su antañón y tópico sentido de la medida y ha sido una afición desconocida que España ha descubierto. Mientras que el Betis se ha refugiado en un estúpido orgullo tirillita, impropio. Papeles cambiados. El que hasta ahora era llamado tópicamente «el club de los señores» debe ser considerado, y quizá ya más que el otro, «el equipo del pueblo», que era hasta ahora exclusiva verderona. Los que en su celebración acolapsaron la ciudad, el aeropuerto, Nervión, la Catedral y la Plaza, no eran los señoritos del Sevilla, los tiesos del Aero, los tirillitas de Pineda, los huelemierdas del Labradores, los hermanos de la Quinta Angustia, los grandes apellidos, sino el pueblo llano y soberano. Intercambiable con el antiguo beticismo. Vamos, que el Sevilla también «acolapsa» con sus criaturitas. No acolapsó La Palmera, porque las palmeras las ha cortado todas Monteseirín, pero sí acolapsó la ciudad entera. ¿Qué es lo bético y qué lo sevillista? Todo está tan cambiado que ya ni sabemos si los nuestros se comportan como los otros y viceversa. Ejemplo: Del Nido. Sus enfermizas ansias de protagonismo arreguinchado a la Copa, en primera fila del autobús descapotable, alzándola muchas más veces que Juande o que Javi, han sido un recital de ego que no lo mejora Don Manué. ¿Qué retrato iba puesto así de grande en el autobús de la que Domínguez Arjona ha llamado «la Cabalgata de la Ilusión Sevillista»? Pues el de José María del Nido. Lopera no se atreve a tanto, tiene más sentido de la medida. Imaginen una celebración así con el otro color, en verde. Si esa Catedral, tan estricta de horarios con las cofradías, se hubiera mantenido abierta hasta las tantas; si desaforadamente, con pérdida absoluta de papeles patriarcales y metropolitanos, hubiera dado la Giralda un pino mayor de primera clase; si el padre Ayarra hubiera tocado en el órgano una sevillana verderona del Mani; si el arzobispo hubiera hecho rojo Nervión su púrpura cardenalicia. Y en la Plaza, si los balcones del Ayuntamiento hubieran sido abiertos para que hasta el último de la plantilla (con el alcalde de pasmarote chupando cámara y el de IU de la pipa en el córner, de medio ganchete) participara en un lamentable concurso de chorradas a las masas, ¿qué hubieran dicho los sevillistas? Pues que ¡vaya béticos, qué gente más ordinaria y hortera, que han hecho que Sevilla pierda su sentido de la medida y lo han sacado todo de quicio! Pues no, no han sido los béticos. Al lado del exaltado sevillismo a lo biri de Amigo Vallejo, el bien recordado Padre Estudillo era casi beticorro. Y junto a Del Nido, cuyo ego no cabe en el Pizjuán, Lopera es un humilde hermano de La Caridad. Quizá por todo esto me he alegrado todavía más de la Gloria Sevillistorum. Tanto, que renuncio a la maldad pepineti de decir que cincuenta años esperando una Copa para acabar ganando un paragüero de Ikea. Cerrabas los ojos, tapabas el triunfal rojo, y lo que acolapsaba Sevilla era talmente el sentimiento bético de la vida. Que ya no existe, por culpa del egoísmo vanidoso de Lopera. En nuestro barroco horror al vacío, su sitio lo ha ocupado el sentimiento sevillista de la vida.