El Betis, que jugó con un hombre más la última media hora del partido, salió vivo de Balaidos y encarriló la eliminatoria, gracias a un gol en propia puerta del central del Celta Matías Lequi en los últimos minutos de juego que le complica la eliminatoria al equipo gallego.
Los dos entrenadores apostaron por reservar para la Liga a algunos de sus mejores jugadores, y eso se vio reflejado en el juego de sus respectivos equipos. Ni celestes ni verdiblancos eran capaces de adueñarse del partido, sobre todo por las continuas imprecisiones en el pase, facilitando el juego defensivo del rival.
El equipo vigués controlaba el juego en el centro del campo y buscaba, con balones a la espalda de la defensa verdiblanca,que Jesús Perera ganara en alguna acción la partida a los defensas. Y así aconteció en el minuto 21 pues, tras un magistral pase en profundidad del uruguayo Canobbio, el sustituto de Fernando Baiano en la delantera celeste ganó la espalda a su marcaje y al introducirse en el área fue derribado por el central internacional Juanito.
El propio Perera se encargó de ejecutar el penalti y después de engañar a Doblas logró adelantar a su equipo en el marcador. Y sólo dos minutos después pudo incrementar la ventaja el delantero extremeño, pero su remate cruzado lo desvió Toni Doblas con los pies en una gran estirada.
Adelantó un poco las líneas el Betis tras el gol celeste, pero el equipo de Serra Ferrer fue incapaz de crear ocasiones de gol, y sólo en las faltas que ejecutó el brasileño Assuncao dio sensación de poder empatar el partido. En el minuto 31 Dani logró superar al meta Esteban pero Megia Dávila anuló el tanto por fuera de juego del delantero verdiblanco, y al filo del descanso el meta asturiano salvó a su equipo con una gran intervención a disparo de Varela. En el segundo tiempo el guión del partido fue el mismo. El Celta tuvo la posesión de la pelota en el centro del campo pero era incapaz de crear peligro, mientras que el Betis, encerrado en su campo, esperaba su oportunidad al contraataque o en alguna acción a balón parado.
Pero cuando menos apuros estaba pasando el conjunto vigués, el árbitro madrileño Megia Davila expulsó de manera rigurosa al lateral izquierdo, José Enrique, por una patada a Dani que entendió como agresión.
No obstante, este Betis es un equipo que está tan herido, tan necesario de un hombre gol y de un organizador de juego, que ni siquiera logró crear ocasiones de gol contra diez.
Así, el gol del empate para el equipo andaluz llegó tras una jugada desafortunada para el Celta, pues el central argentino Lequi, al intentar despejar el esférico a córner un centro de Dani, introdujo el balón en su propia portería sin que el meta Esteban pudiera hacer nada por evitarlo.
Lo sé. Sé que el romanticismo del fútbol terminó en 1992 con la Ley de
Sociedades Anónimas Deportivas. Sé que salvo las excepciones por todos
conocidas, desde ese momento los clubes pasaron a ser S.A.D.
(Sociedades Anónimas Deportivas), que dejaron de ser una especie de
patrimonio colectivo o de “propiedad social” para convertirse en
propiedad de sus accionistas. Y sé que cuando se produjo ese cambio
había clubes al borde de la quiebra por acumular deudas en una gestión
económica alegre y poco profesionalizada.
Pero el fútbol es mucho más que números y balances. El fútbol es
sentimiento. Y aunque S.A.D. signifique otra cosa bien podría
significar “Sentimiento Anónimo Deportivo”. Porque somos esos, los
anónimos, los que convertimos algo tan absurdo como “22 personas
intentando llevar un balón a la red contraria dándole patadas” (que
diría mi madre) en lágrimas, en abrazos, en recuerdos, en vivencias, en
euforia, en banderas, en bufandas… Somos los anónimos los que
convertimos este deporte en un sentimiento, los que miramos al Cielo
cuando nuestro equipo marca un gol para celebrarlo, los que enseñamos a
nuestros hijos el himno de nuestro equipo, los que convertimos en magia
lo mundano, y en fábrica de sueños unas gradas.
El “Sentimiento Anónimo Deportivo” se preocupa de balances
económicos y de crecimiento de la Sociedad, claro que sí. Lo hacía
antes y ahora más aún, porque es consciente de que para poder seguir
sintiendo es necesario que la Sociedad que capsula algo tan grande como
lo que siente siga existiendo. Pero para ser meramente socio de una
empresa bien gestionada, con beneficios espectaculares y con una óptima
explotación de la imagen, mejor se va uno al IBEX 35 y elige, que
ejemplo tiene a patadas. El fútbol es más que “eso”, aunque en parte
“eso” sea condición necesaria para que venga lo importante. Porque al
final lo importante es lo que antes decíamos que es absurdo: Que entre
la pelotita. Y cuando entra muchas veces… buf. Eso sí que es un balance
brillante: el de los recuerdos y las emociones que se te quedan en el
corazón, que a diferencia del dinero nunca se borran. Y menos si van a
un corazón que se ha curtido en las decepciones que la pelotita también
procura.
Hasta aquí lo general.
Particularizando en el Real Betis Balompié S.A.D., se podrían
escribir libros enteros sobre el beticismo, sobre el “sentimiento
anónimo deportivo” de los béticos. Sin remontarme a los años 50, me
limitaré a poner un ejemplo inmediato. Ni los 50.000 los días de
Liverpool o Chelsea, ni los chorrocientos mil de Junio, ni siquiera los
2.600 que batieron el record de Anfield Road. El ejemplo al que me
refiero tiene una cifra: 3.000. Los asistentes al primer entrenamiento
del año de un equipo que lo empieza en puestos de descenso. Tres veces
más que los 1.000 que asistieron al último entrenamiento de 2005, que
tampoco es una cifra desdeñable.
Como digo más arriba, el Real Betis Balompié inicia el año en
puestos de descenso. Ayer mismo escuché a Fernando Vázquez, entrenador
del Celta y padre de una hornada de cantera bética bastante importante,
hablar del descenso de su actual equipo hace un par de años. Y venía a
decir que la causa real no fue la coincidencia de Champions y Liga,
sino los problemas internos, la “mar de fondo” que diría un castizo.
Y precisamente es esa “mar de fondo” la que el Real Betis Balompié
debe evitar para evitar problemas. Si esto fuese una empresa, recetas
hay tantas como economistas. Pero en algo que es mucho más que eso la
receta se llama unidad: remar todos para el mismo lado y aparcar
cualquier otra cosa hasta el mes de Mayo. Y eso implica que la afición
siga haciendo lo que está haciendo y lo que mejor sabe hacer, implica
que los jugadores que trajeron la gloria en 2005 recuerden en cada
partido el escudo que llevan en el pecho, implica que el cuerpo técnico
sea capaz de conciliar desencuentros con unos y otros, además de
acertar en los partidos, e implica que la directiva cubra las carencias
(como ya ha empezado a hacer) y que no olvide nunca que con Lorenzo
Serra se le apareció la Virgen de Lourdes para demostrar lo que antes
decíamos: que la pelotita puede entrar (y con ella lo único que es real
en el fútbol) incluso aunque el camino hacia la excelencia empresarial
se aborde con métodos de gestión de empresa familiar.
Pero también hay algo que debería aparcarse a mi entender hasta
Mayo: los debates sobre la propiedad del capital social de la Sociedad
Anónima Deportiva. Ya sabemos que el Sr. Lopera posee un 55% (52% a
través de Farusa) y que por tanto tiene el control mayoritario de la
Sociedad. Esa es la realidad, a pesar de los 500 millones que pusimos
los béticos en 1992, 400 de ellos en paquetes inferiores al 1%: Lopera
cubrió los 680 millones que faltaban y desde entonces tiene la mayoría.
A partir de ahí, el futuro de la Sociedad Anónima Deportiva puede pasar
por la continuidad de esa configuración accionarial, con o sin Lopera
como Presidente nominal, puede pasar por la venta de dicho paquete
mayoritario y la toma de control de un nuevo grupo, o puede pasar
(incluso es compatible) por ejecutar la ampliación de capital que se
aprobó ¡en 1993!, y permitir a los béticos de base que volvamos a
comprar acciones de forma que más del 50% esté en manos de pequeños
accionistas.
Pero de todo eso creo que sería mejor hablar en Mayo. Por eso creo
desafortunado que el Sr. Lopera recuerde tras el partido contra el
Anderletch que “Farusa es la dueña”, o que se esté dando pie a la
rumurología sobre la “venta del Betis” a un conocido empresario o a un
grupo inglés. Desafortunado y contraproducente, pues lo que ahora toca
es remar todos hacia el mismo lado, al menos en mi opinión.
Pero dado que surgen ciertas expresiones, aprovecho para advertir
de algo que enlaza con el inicio de este escrito: El Betis no está en
venta. Podrán venderse paquetes accionariales de la Sociedad Anónima
Deportiva. Pero el Betis, el beticismo, el manque pierda, el musho
betis, el “Sentimiento Anónimo Deportivo” ni se compra ni se vende. Se
nace con él y se mama. Pero no solo eso: Dejando aparte el
sentimentalismo en el que tanto caigo, el beticismo es lo que hace
rentable una Sociedad Anónima Deportiva cuyo único producto vendible es
un grupo de personas dándole patadas a un balón. Que nadie lo olvide.
Ni los que están ni los que vengan.