No, no estoy hablando del chiste aquel de 9 en media semana. Hablo de 9
semanas y media de verdad: justo el tiempo transcurrido desde el
domingo 16 de Octubre, en el que el Betis se impuso por 1 a 0 a Getafe,
hasta el miércoles 21 de diciembre en el que goleamos al Alavés.
9 semanas y media sin ganar en Liga. Se dice pronto. Como en la
conocida película, viviendo una peligrosa y frenética aventura. Emoción
a raudales, claro que sí, pero no como la de Mayo y Junio, sino de la
otra. Y como en la película, un poco de todo (los niños que no lean
esto): cinco seguidos en Málaga, escándalo en lugar público ante
Barcelona o Villarreal, o incluso fugaces encuentros desganados y de
final precoz ante Bilbao o Celta. De dos rombos, vamos. Para rizar el
rizo, hasta con una triste copita de más de quién nos trajo la Copa con
mayúsculas, esa que nunca está de más.
Y mientras tanto nosotros, el sufrido cónyuge, frotándonos los ojos
sin entender como nuestro equipo podía estar viviendo peligrosamente
esta aventura, con lo felices que estábamos a finales de Mayo y Junio.
Ay. Que mala vida nos da el Betis, que cuando más felices nos tiene es
cuando menos tarda en bajarnos del guindo. Y encima lo seguimos
queriendo, más si cabe. Y lo recibimos con los brazos abiertos cuando
vuelve a casa por Navidad.
No todo han sido disgustos en estas 9 semanas y media. La noche más
inolvidable (vamos, lo que equivaldría a la escena aquella de "You can
leave your hat on") ha sido nuestra y solo nuestra, con todos los
aditamentos: Música, luces, ambientazo, comunión plena, sudor, mucho
ruido y éxtasis. La noche del Chelsea, claro está. Y hasta hemos hecho
un viaje inolvidable para tararear una canción que parece hecha para
nosotros, aunque esté en inglés, y para “acolarsar” las gradas de
Anfield como nunca en la historia antes un equipo de fuera.
Pero vamos, que esas dos noches inolvidables no quitan para que
siga siendo “mu” mala vida la que nos han dado en estas 9 semanas y
media.
¿Qué porqué justamente ahora vengo con estas, si en las malas solo
sacaba el “manque pierda”? Pues justamente porque ahora es cuando
tenemos que recordar que lo único que hemos hecho (y era vital hacerlo)
es coger una “bocaná” de aire para seguir buceando, tenemos que
recordar que este es el camino para salir a la superficie y respirar a
gusto y tenemos que ser exigentes con quien debe cubrir las carencias
de un equipo (las debidas a la planificación y las debidas al
infortunio). Los jugadores deben entender que la fidelidad de esta
afición no se merece la desgana de algunos partidos, y deben recordar
que hasta una carrerita para presionar al portero se la premiamos como
si de una faena se tratara (y no estamos “fingiendo”, por seguir con el
hilo). Y el cuerpo técnico y, en mucha mayor medida, la directiva, no
pueden aprovechar esta tregua para aliviarse, sino todo lo contrario:
para solucionar lo que tengan que solucionar, que ya va siendo hora. A
buen entendedor…
No pretendo echar un jarro de agua fría. Solo pretendo recordar
que, aunque lo cuente en broma, lo de estas 9 semanas y media han sido
algo muy serio. Que nadie lo olvide, y que tiremos todos del carro
“alamismaveh” para que no se repita. Porque el amor que sienten tantas
personas por el escudo de las trece barras no se merece que le den
estos disgustos después de llevarnos a tocar el Cielo. ¿Qué lo
querremos igual manque pierda? Ya digo, hasta más. Porque ese es el
amor desesperado, y los béticos somos del verde esperanza. Pero vamos,
que si se ahorran poner nuestro sentimiento a prueba por enésima vez,
nuestro corazón lo agradecerá.
Feliz Navidad a todos.